Si eres influencer o creador de contenidos puede que estés cometiendo estos 7 errores legales
Los errores legales pueden resultar muy costosos. Y siendo realistas en el mundo de los creadores tiene muchas confusiones legales habituales por falta de conocimiento especializado.
Pero si tú las tienes, no estamos aquí para juzgarte. Porque estamos seguros de que, como alguien que crea contenidos, sabes mucho de muchas cosas valiosas para tu profesión y en distintos ámbitos. Pero nadie puede pedirle a ninguna persona que lo sepa todo.
Sin embargo, sí es importante tener ciertas nociones básicas que son fundamentales para ejercer tu actividad sin riesgos legales. Así que en este artículo hemos recopilado las confusiones jurídicas más comunes que encontramos entre los creadores. Léelo para conocerlos:
La propiedad intelectual no incluye marcas
Entendemos de dónde puede venir esta confusión habitual, porque en muchos países la propiedad intelectual no solo incluye los derechos de autor, sino también la protección de las marcas. Pero en España no es así. Aquí, las marcas se incluyen dentro de la propiedad industrial y tienen derechos distintos a las obras que se protegen como propiedad intelectual. Por ejemplo:
- Puedes mantener derechos sobre la propiedad intelectual sin registrarla como tuya. En cambio, las marcas sí necesitan registrarse para poder tener derechos sobre ellas.
- El tiempo de duración de los derechos sobre las marcas es mucho más corto que el de los derechos de propiedad intelectual. A cambio, las marcas pueden renovarse indefinidamente y el derecho de propiedad intelectual no puede renovarse.
- Puedes vender la totalidad de tus derechos sobre una marca, pero, generalmente, no puedes hacer lo mismo con la propiedad intelectual, debido a los derechos morales.
Lee este artículo para encontrar más diferencias entre la propiedad intelectual y las marcas en España.
Para los creadores, saber diferenciar ambos tipos de propiedad es importante porque, por un lado, puedes saber qué derechos puedes tener sobre tu contenido y los signos que lo identifican. Y, a partir de ello, elaborar una estrategia para protegerlos. Por otro lado, también te permite evitar problemas con terceros al usar las licencias que has adquirido.
Un ejemplo del posible problema en el que podrías involucrarte por no diferenciar propiedad y marcas es cuando pides la licencia para usar un vídeo de un canal grande de YouTube y terminas usando su logotipo también en tu web. El canal al que le pediste la licencia podría demandarte porque no tienes autorización para usar su marca, aunque sí la tengas para usar su contenido.
Copyright no es derecho de autor
Otra de las confusiones que están relacionadas con las normativas de otros países es la que cree que el copyright y los derechos de autor son lo mismo. Y podría decirse que en términos lingüísticos sí son equivalentes, pero no si hablamos en términos jurídicos españoles.
El copyright es una doctrina anglosajona que es aplicada por países como EE.UU., Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda. Mientras que los derechos de autor es una doctrina usada por los países de la Europa continental como España, Francia y Alemania.
Pero la diferencia no estriba simplemente en qué países aplican cada doctrina, sino en que se centra en la filosofía detrás de cada una. Así, mientras el copyright se enfoca en la protección del potencial mercantil de una obra, el derecho de autor tiene como núcleo la protección de la libertad de expresión de los creadores.
Esto, de forma práctica, se traduce en que tienen distintos parámetros para aplicar la protección, por ejemplo:
- El copyright no suele incluir los derechos morales que sí incluye el derecho de autor.
- Aunque en ambos casos no se necesita registrar la propiedad sobre una obra para obtenerlos, para poder ejercer acciones judiciales de defensa, el copyright sí exige el registro.
- El derecho de autor (salvo las obras colectivas) no puede pertenecer a empresas o personas jurídicas.
- Los derechos de autor no son completamente transferibles a otra persona física o jurídica, el copyright sí.
Conocer esta diferencia es importante para poder defender tus derechos en el territorio en el que te ubiques. Conocer esta diferencia es importante para poder defender tus derechos en el territorio en el que te ubiques. Así, por ejemplo, en España cuando cedes tus derechos de autor, solo cedes tus derechos económicos, pero conservas tus derechos morales. Por esto y más es importante que definas el derecho que regula tus contratos si colaboras con creadores que residen en otros países.
Para conocer cuáles son esos derechos, puedes leer este artículo. En él te contamos también sobre las diferencias entre propiedad intelectual y derechos de autor.
Las responsabilidades del patrocinio y la colaboración publicitaria para los creadores
Esta confusión viene de un uso común en el sector creativo: se le suele llamar “patrocinio” a toda relación publicitaria entre creadores y empresas. Pero, según la Ley General de Publicidad, el contrato de patrocinio publicitario solo obliga a quien lo recibe a “colaborar con la publicidad del patrocinador”.
Y “colaboración” es otra palabra que es usada del mismo modo. Pero es un término aún más difuso desde el punto de vista jurídico porque ni siquiera tiene que ver con la publicidad. De hecho, también se usa para referirse a la creación conjunta de un contenido (y esta acepción es más cercana a algo que sí está previsto en la ley: la colaboración creativa). Sin embargo, la colaboración publicitaria no está especificada en ninguna ley española.
Así que tanto el patrocinio como la colaboración publicitaria podrían ser tan amplias o tan estrechas como puedan interpretarlas las partes de forma individual. Por ejemplo, al darte un patrocinio publicitario la empresa podría considerar que vas a crear un anuncio y publicarlo en tus perfiles. Y tú podrías interpretar que solo debes poner el logotipo de la empresa en tus vídeos sin siquiera mencionarla. Evidentemente habría un problema, ¿no?
Al final, en la práctica legal, las empresas suelen enviar contratos de colaboración publicitaria. Porque el patrocinio se suele entender de forma más totalitaria. Por ejemplo, como cuando una marca patrocina a un deportista y le cubre todos los gastos que implica su carrera deportiva, como el entrenamiento, la vestimenta, las dietas, etc.
Además, la ambigüedad del contrato de colaboración publicitaria puede ser limitada si se incluyen cláusulas que definan a detalle la relación entre las partes y sus obligaciones. Para conocer cuáles son los puntos que debes revisar con más minuciosidad lee este artículo en el que te los explicamos.
Las facultades de una licencia libre de regalías
Es posible que esta confusión venga de que, habitualmente, cuando se compra algo, ese “algo” pasa a ser tu propiedad. Y, por lo tanto, puedes hacer lo que quieras con ella. Sin embargo, internet hace rato que cambió las reglas del juego. Existen múltiples productos y servicios que se compran, pero que en realidad no son tuyos.
Bueno, eso mismo pasa con el contenido con licencias libres de regalías. Sí, hablamos del contenido que puedes encontrar en plataformas como Shutterstock, Freepik, Epidemic Sound, Unsplash, Canva, etc. Ya estés pagando una suscripción mensual o anual a la plataforma, o ya sean recursos de acceso y uso gratuito, estos no se convierten en tu propiedad. Y, por lo tanto, aún lo tienes que usar conforme a unas condiciones establecidas en el contrato de licencia.
Y no es una “licencia libre de derechos de autor” porque eso, para empezar, no existe. A veces, “licencia libre” se confunde con la renuncia a favor del dominio público. Además, la legislación española de propiedad intelectual dice que un autor siempre conserva una parte de sus derechos, aun cuando haya vendido la mayoría de ellos. Los derechos que permanecen son los morales, que, por ejemplo, exigen que el autor de una obra sea nombrado, salvo que en la licencia concreta se renuncie a ello.
Pero no solo eso, sino que generalmente los contratos de las licencias libres de regalías suelen establecer usos aceptados y otros que no están permitidos. Por ejemplo, muchas licencias dicen “uso no comercial”, que significa que no puedes usar, por ejemplo, el sonido que descargaste de Epidemic Sound para hacer un anuncio publicitario.
Y, aún más, determinar qué es comercial o qué no lo es, es bastante difícil. Sino pregúntale a los influencers de lifestyle que, gracias al nuevo código de conducta de Autocontrol, están etiquetando casi todos sus posts como “publi”.
Así que, recuérdalo, aunque tengas una licencia libre de regalías, debes tener mucho cuidado con cómo usas el contenido que has adquirido.
Licencia y cesión de derechos
Más o menos similar a la anterior es la confusión que suele tenerse con respecto a licencia y cesión de derechos. Quien tiene una licencia suele creer que tiene los derechos sobre una obra cuando, en realidad, solo tiene un permiso (con muchas condiciones) para usarla.
También sucede que hay quien cesiona los derechos de sus obras sin entender claramente que está entregando (muchas veces en monopolio) las posibilidades de explotación económica sobre ella. No es raro, porque inclusive los propios abogados tenemos una discusión acerca del ámbito de aplicación de cada una. En múltiples artículos sobre el tema, verás que, por ejemplo, algunos consideran que la cesión puede ser no exclusiva y otros que eso ya pasa a ser una licencia.
Pero en la práctica jurídica, se suele considerar a la cesión como una transferencia total y exclusiva de los derechos económicos de un autor sobre su obra a una persona o empresa. Así, si tú cedes todos tus derechos económicos de tu vídeo, transfieres al comprador el derecho de reproducirlo, distribuirlo, comunicarlo públicamente y transformarlo en un vídeo nuevo.
La licencia, en cambio, no implica ninguna transferencia de derechos, generalmente no es exclusiva y está limitada a los usos permitidos en el contrato. Por ejemplo, quien pide la licencia para usar a Batman como personaje en un video para YouTube solo podrá usarla en ese contexto. Pero puede que otros creadores también puedan usar al personaje si pide la licencia a sus autores.
Ahora bien, es cierto que estas diferencias no son un muro inamovible.Se trata de simples presunciones sobre las que regirá el contrato o licencia concreta, a falta de disposición legal imperativa. En efecto: los términos de los contratos tanto de la licencia como de la cesión pueden variar las condiciones habituales. Así es como resulta, por ejemplo, que a veces, existen licencias exclusivas o cesiones no exclusivas.
Una lección importante, en este caso es la siguiente: lee con cuidado los contratos de cesión y licencia. Si te confías, la licencia que te piden sobre tu contenido podría vaciarte de derechos. Igualmente, tu editor o tu guionista podrían cederte mucho menos de lo que tú esperas.
Los datos personales se pueden vender (o comprar)
Si estás pensando monetizar tu relación con tus seguidores vendiendo sus datos personales, ten cuidado porque podrías estar a punto de cometer un serio error legal. Específicamente, un error que atente contra las leyes de privacidad que nos rigen.
Y no se trata de que esté prohibido vender datos personales (NOTA: en realidad se vende la base de datos que los contiene, no puedes vender el correo, número de teléfono o nombre de otra persona), técnicamente no hay nada que lo impida en la normativa española. Sin embargo, lo que sí te puede traer problemas legales es cómo lo haces. Porque no se trata solo de recibir el dinero y entregar el archivo SQL, CSV, XML o cualquier otro que uses a la agencia de marketing que te lo esté comprando. También debes fijarte si cuentas con las condiciones necesarias legalmente para hacerlo.
En la práctica, vender o ceder datos de tu audiencia a terceros para marketing suele ser muy arriesgado y difícil de hacer bien. Asegúrate de cumplir con los siguientes requisitos y asesórate bien:
Tener el consentimiento de las personas a las que les pertenece esa información para compartirla
Es decir, debes haberles pedido a los suscriptores de tu newsletter autorización para ceder sus datos a terceros.
Haberles informado adecuadamente sobre el tratamiento que darás a sus datos personales
Solo así podrás asegurar que te han dado su consentimiento libre para poder tratar su información personal. Más para poder compartirla con terceros.
Cumplir con la finalidad del tratamiento.
Si, por ejemplo, recolectaste los datos para que puedan acceder a tu curso online de inglés, no puedes usar esos mismos datos para enviarle publicidad si no hay un consentimiento para ello. Por lo tanto, tampoco puedes vender esa información para los fines de marketing de otra empresa.
Minimizar los datos a vender
Por principio, la normativa de privacidad requiere que solo se almacenen los datos que sean estrictamente necesarios para el fin del tratamiento. En el ejemplo anterior, no necesitas saber la orientación sexual ni los datos de salud de tus alumnos para poder darles clases. Del mismo modo, no puedes compartir al comprador de los datos innecesarios de tus seguidores si no corresponden con los fines del tratamiento que les has informado a la hora de pedirles el consentimiento.
Lee este artículo para conocer más al respecto.
Los datos deben ser exactos
Tanto si vendes, como si compras datos, es importante asegurarte de que la información que va a ser cedida cumpla con ser exacta y estar actualizada. Porque ¿qué pasa si no lo es? Pues que estarías afectando los derechos de los usuarios, algo que, por cierto, también es importante tener en cuenta cuando haces estas transacciones.
Tu newsletter no es publicidad
Como hemos visto, si hay algo que está demostrando la reciente publicación del Código de Conducta de Publicidad de Influencers de Autocontrol es que es difícil reconocer dónde empieza y dónde termina la publicidad. Por lo tanto, no es raro que los creadores piensen que la newsletter que envían a sus suscriptores no es publicidad.
Pero sí lo es si envías información comercial de servicios propios o de terceros. Así que, como en el caso de los anuncios en redes sociales, también tendrás la obligación de cumplir con la normativa publicitaria. Por ejemplo, deberías advertir que es publicidad, proteger a los niños, evitar publicidad engañosa, etc.
También hay que considerar si tu newsletter es comercial de acuerdo con los términos de la normativa de privacidad. Ten en cuenta que la AEPD ha establecido que cualquier comunicación que pretenda mejorar la consciencia y conocimiento sobre una empresa se puede considerar comercial. Por ejemplo, si envías un correo diciendo que llegaste al millón de suscriptores o que te incluyeron como Best Content Creator en la lista de Forbes.
De ser comercial, también tendrás que cumplir con la LOPD y el RGPD para proteger la privacidad de tus suscriptores. En el apartado anterior hemos enumerado algunas obligaciones en esta materia que también aplican en este caso. Para conocer algunas más específicas lee este artículo.
Conclusiones:
Como creador no es necesario que lo sepas todo. Sin embargo, sí es necesario tener un conocimiento básico para saber cuándo puede estar frente a una de estas confusiones habituales. Esto te permitirá guiar tus actividades diarias para cumplir con tus obligaciones legales y prevenir cometer errores que puedan dañar tus perspectivas de crecimiento.
Aquí hemos cubierto solo 7 confusiones habituales, pero hemos creado un recurso, la Enciclopedia Visual de Errores Legales para Creadores que recoge más de 10 problemas legales habituales de los creadores en categorías como propiedad intelectual, publicidad, privacidad, etc. Si te interesa, suscríbete a nuestra newsletter aquí.
Foto de Uday Mittal en Unsplash
